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Cómo definir personas que sirvan para decidir, no para decorar
Tres criterios para que un perfil de usuario cambie prioridades reales y no acabe olvidado en una carpeta compartida.
Leer el artículoTrabajamos con responsables de producto, diseño e investigación que necesitan entender a quién sirven antes de mover una sola pantalla. Aquí encontrarás cómo abordamos ese trabajo y qué esperar cuando colaboramos con tu equipo.
Material que solemos recomendar a los equipos que trabajan con perfiles de usuario y decisiones de producto. Sin recetas cerradas: criterios y ejemplos que puedes contrastar con tu propio caso.
Selección editorial del equipo de Mesh Strategy
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Tres criterios para que un perfil de usuario cambie prioridades reales y no acabe olvidado en una carpeta compartida.
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Señales de fricción por etapa y una rutina ligera de revisión para que el mapa siga reflejando el canal real.
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Impacto, esfuerzo y riesgo como base para ordenar un primer lanzamiento defendible ante el resto del equipo.
Leer el artículoSi prefieres empezar por el conjunto completo, tienes el archivo de artículos y también la página de servicios para ver cómo aplicamos estos criterios en proyectos concretos.
Antes de empezar conviene fijar qué entendemos por cada término y qué no entra en el encargo. Así evitamos malentendidos cuando el proyecto avanza y aparecen decisiones que afectan a varias áreas.
Una persona es un resumen operativo de patrones observados en entrevistas y datos de uso. No es un arquetipo decorativo ni una biografía inventada. Si no cambia una decisión de alcance, contenido o prioridad, no la consideramos útil.
El journey describe la experiencia completa, con idas y vueltas entre canales. El funnel mide la conversión por etapas. Los usamos juntos, pero no los mezclamos: un mapa de journey no sustituye un cuadro de KPI, ni al contrario.
Un MVP es la versión mínima que permite aprender algo concreto de usuarios reales. No es una demo interna ni un producto recortado sin criterio. Definimos qué hipótesis valida, qué queda fuera del primer lanzamiento y con qué señales decidiremos el siguiente paso.
El roadmap es un plan revisable, no un contrato cerrado. Ordenamos por impacto, esfuerzo y riesgo, y dejamos por escrito qué se pospone y por qué. Cuando un experimento cambia lo que sabíamos, el orden se ajusta y se comunica a quien corresponda.
Los KPI se acuerdan antes de instrumentar, con una definición única por métrica. Si dos áreas miden lo mismo de forma distinta, el dato deja de servir. Parte del trabajo consiste en dejar esa definición por escrito y verificable.
No ejecutamos desarrollo ni mantenimiento continuo salvo acuerdo explícito. Tampoco sustituimos a un equipo interno: aportamos método, contraste y documentación para que las decisiones queden en el equipo, no en un informe externo.