Cuaderno de proyecto
A Practical Look at the First Week
Decisiones y límites reales que aparecen cuando el trabajo empieza de verdad.
Publicado el 14 de marzo de 2025 · Lectura de 6 minutos
La primera semana de un proyecto de estrategia digital casi nunca transcurre como la presentación inicial. En la reunión de arranque todo parece ordenado: hay un calendario, un alcance firmado y una lista de entregables. Después llega el lunes y el equipo se encuentra con que la documentación está repartida en tres carpetas distintas, que nadie tiene claro quién aprueba los textos y que la herramienta de analítica lleva dos meses sin revisarse.
Eso no es un fracaso del proyecto. Es información. Lo que hagamos con esa información durante los primeros cinco días condiciona el resto del trabajo mucho más que cualquier plan inicial.
Tres decisiones que no conviene posponer
La primera tiene que ver con el acceso. Si en la primera semana no conseguimos permisos reales sobre la analítica, el CRM o el repositorio de contenidos, cualquier diagnóstico posterior será una aproximación. Merece la pena dedicar una tarde entera a resolver esto antes de empezar a analizar.
La segunda decisión es sobre el alcance del primer entregable. Es tentador prometer un mapa completo de customer journey en dos semanas. En la práctica, conviene reducirlo a un tramo concreto del recorrido y hacerlo bien, con entrevistas reales y datos de comportamiento. Un fragmento sólido enseña más que un diagrama general que nadie va a usar.
La tercera es la cadencia de reuniones. Un ritmo semanal de treinta minutos con las personas que deciden suele funcionar mejor que sesiones largas cada quince días. Los ajustes pequeños y frecuentes evitan que el proyecto se desvíe sin que nadie lo note.
Lo que suele quedarse fuera
En esa primera semana también se decide qué no se va a hacer. Es habitual que aparezcan peticiones razonables pero fuera de foco: una auditoría de accesibilidad, una revisión de la arquitectura de contenidos, un análisis de la competencia más profundo. Anotarlas y dejarlas para una segunda fase es más honesto que intentar cubrirlas todas a medias.
El resultado de esa semana no es un documento brillante. Es un conjunto de acuerdos pequeños: quién tiene acceso a qué, qué tramo del recorrido se va a estudiar primero, cada cuánto se revisa el avance y qué queda explícitamente fuera. Con eso, la segunda semana ya no empieza desde cero.